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¿Qué mide el éxito?

Cuando una persona me revela que desea tener éxito en la vida, en sus proyectos, en su negocio, en su trabajo, en sus relaciones… le pregunto qué es para ella el éxito y qué mide su éxito.

Me refiero a cuál es el indicador que va a informar a esa persona de que ha logrado algo con éxito.

El éxito y el fracaso son constructos sociales, culturales y mentales. No son la realidad. No son los hechos. Son las interpretaciones que realizamos sobre éstos.

Pero ¿Qué mide el éxito y cómo se mide?

Por ejemplo, si pongo en marcha un proyecto de negocio, ¿Cómo sé si el resultado es exitoso?

Para ello, debemos definir un conjunto de indicadores clave y unos objetivos específicos. Los objetivos nos ayudarán a materializar deseos y los indicadores nos darán información sobre lo cerca o lejos que estamos de materializarlos. Para saberlo, deberemos examinar la situación con periodicidad y emprender medidas cuando los resultados no sean lo que deseamos.

Para algunas personas, el éxito de su proyecto de negocio estará vinculado a los primeros ingresos que reciba de la venta de sus productos y/o servicios mientras que para otras, el éxito estará asociado al grado de alineación y equilibrio con respecto a su vida personal.

Con las empresas ocurre lo mismo. Para algunas compañías, el enfoque sobre el éxito será únicamente monetario, llevando a sus equipos directivos a tomar decisiones respaldadas desde enfoques mercantilistas para llevar a cabo acciones correctivas que aumenten la caja. En una empresa para que la trabajé, las reuniones siempre acaban con números sobre la mesa. Ya fuera que la reunión se había convocado para hablar de operativa, de estrategia, de logística o de gestión de equipos, las tablas de Excel con presupuestos se mostraban siempre como la columna vertebral de aquél cuerpo empresarial. Paralelamente, las personas trabajadoras entraban diariamente en posición de espaldas a sus trabajos. Estaban deseando plegar. Estaban deseando que llegara el viernes. Los números regían las decisiones. Un ambiente estéril de crecimiento.

Tal vez, en aquél caso, la percepción era de éxito. La empresa crecía porque crecían los números. Pero la empresa no crecía en conocimiento, no crecía en comunicación, no crecía en desarrollo humano. Y es muy fácil que una empresa así, vea sus números caer en picado de forma repentina y sin un equipo que pare la caída. Porque éste es un tipo de equipo alineado con la empresa porque nadie le ha dicho a esas personas cuales son los valores organizacionales que han de representar y cual es la misión que persiguen en conjunto. Esas personas son tratadas como meros instrumentos y ellas lo saben, y por eso se deprimen cuando llega el lunes. Porque saben que sólo están allí para que alguien más arriba se lucre.

Para mí no es éxito. Si bien el éxito económico, alcanzar los objetivos de ingresos que nos propongamos como empresa, es determinante para crecer como organización, también lo es que las personas que dan vida a esa organización se sientan parte de ella, se sientan bien tratas a todos los niveles, y se sientan respetadas. De lo contrario, el dinero entra en caja y la organización crece pero crece por partes. No crece de manera integral. Crece la caja para invertir. Pero, ¿En qué se invierte? ¿En potenciar la inteligencia colectiva de la empresa? O, ¿Eso nos asusta? ¿Qué pueden llegar a hacer personas muy inteligentes en una organización? Cosas increíbles, seguro. Y ¿Qué pueden llegar a hacer personas muy comprometidas con la empresa? Cosas aún más increíbles.

Recuerdo una vez una persona de mi equipo que, un día de nevada en el que las carreteras estaban saturadas, se las ingenió para llegar al trabajo y poder hacer el relevo conmigo. Yo me quedé con ellas, y otros dos compañeros también. Al final, acabamos cenando todos juntos a las once de la noche en la cantina de la empresa. Estábamos exhaustos. No habíamos parado de atender clientes desde las 7 de la mañana. Pero la sensación de cansancio se entremezclaba con el sentimiento de gratitud y pertenencia. Aquello sí era un éxito. El negocio no había dejado de funcionar, los ingresos no se pararon ese día y, sin embargo, el éxito económico no era el único.

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